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Antón Cortés - A Camarón y Paco de Lucia
Piano Flamenco
Homenaje flamenco desde el alma del piano

El arte eterno de Camarón de la Isla y Paco de Lucía resuena hoy en las manos de Antón Cortés, joven pianista flamenco que les rinde tributo con un proyecto íntimo, visceral y lleno de respeto. "A Camarón y Paco de Lucía" es un canto desde las teclas, donde el piano se convierte en voz, en cuerda, en quejío. Una reinterpretación libre pero profundamente arraigada en la esencia del flamenco más puro y revolucionario.

Con composiciones propias, evocaciones melódicas y homenajes sonoros, Antón Cortés invita al público a sentir de nuevo la llama de dos genios que transformaron el flamenco para siempre.

Aquí no hay imitación, hay diálogo.

No hay nostalgia, hay presencia viva.

No hay pasado, hay legado en movimiento

El joven pianista mallorquín, que ha pasado de ser una promesa a ser reconocido como una grandísima figura del piano flamenco, presenta su nueva propuesta "A Camarón y Paco de Lucia" con una cuidada selección de temas de ambos referentes que a día de hoy solo Antón puede resolver con solvencia dentro del mundo del flamenco debido a la complejidad y virtuosismo necesario para sacar adelante este complejo programa con un método exclusivo, innovador y espontáneo con el que consigue trasladar toda la expresividad y sensibilidad de su arte al piano.

En 2017, con 10 años, fue ganador de “Mallorca Talent” y dos años más tarde, en 2019, recibió el premio al artista revelación del Festival Internacional de Cine Infest. También fue finalista en 2021 en el Concurso Internacional del Cante de las Minas, siendo el artista más joven que hasta la fecha había participado. El pasado año recibió el Premio Nuevos Creadores del Instituto de Cultura Gitana, promovido por el Ministerio de Cultura y Deporte, y la Venecia Flamenca, el máximo galardón del Festival Flamenco de la Mistela. Este 2024 acaba de proclamarse ganador de “La batalla de los jueces” en Got Talent Spain. A pesar de su juventud, ha compartido escenario con grandes artistas como Pitingo, Duquende y Jorge Pardo.

Antón Cortés Marín nació en Mallorca en 2007. Una tarde su madre encontró un pequeño teclado de juguete abandonado en la calle. Seguramente estropeado, pensó. Llegó a casa, le puso pilas, y funcionaba. Un nuevo juguete para su pequeño de ocho años. Ninguna tradición musical en la familia, ningún instrumento antes en su hogar. El niño Antón jamás tuvo un profesor. Ni podía ni lo pidió. Escuchaba música, miraba vídeos en youtube y le fascinó esa magia de poder trasladar todas esas canciones a las teclas de su nuevo entretenimiento. Y ya no dejó de tocarlo hasta que sus padres le llevaron a ese concurso y, sin ensayo ni tacto previo, se sentó ante él. Lo acarició de tal modo que lo ganó.». Toca descalzo. Siempre. Cuatro años después de su primera actuación en público, su pie derecho, desnudo, se posa en el pedal de sustain del piano de cola que preside el stage del festival internacional Cante de las Minas, celebrado este verano en Murcia. Un prestigioso certamen considerado como los ‘oscars’ del Flamenco y el mejor del mundo en su especialidad. El izquierdo golpea la cálida madera de la tarima según la métrica del palo escogido. Sorprendió a todos con una taranta de composición propia que entusiasmó a público y jurado por su ejecución y expresividad, permitiéndole el pase a la Final y darse a conocer ante todos los aficionados, entendidos y músicos del exigente mundo del flamenco de este país. Para su segunda exhibición escogió interpretar Antonia, del guitarrista Paco de Lucía, bajo su propia transcripción al piano. «Prefiero interpretar, pero a mi estilo, composiciones de otros antes que las mías propias» reconoce ante la sorpresa de unos padres admirados por la capacidad de su hijo de componer rápida y espontáneamente en cualquier palo....

Meses antes lo hizo ante el público general y popular con su pase de oro para la final del Got Talent España. Correcto y elegante siempre hacia los demás, pero los suyos reconocen que en un principio Antón no quería ir a ese concurso televisivo porque le parecía «un circo» donde el flamenco no era valorado en su justa medida. Tras su exhibición en la semifinal, con una composición propia, su padrino Fernando Peguero, figura clave en la formación del pequeño Antón y quien le compró su primer piano, le propuso interpretar algo más clásico, más comercial, y dejar el flamenco a un lado y explorar otros estilos para tener así más posibilidades de ganar. Le mandó Asturias de Isaac Albéniz por whatsapp. Antón lo escuchó y le contestó «Gracias Fernando, me encanta, es un temazo, ahora me pongo con ello». A los seis minutos le enviaba un vídeo tocándolo en casa.

Jamás había escuchado antes esa pieza. Todos los arpegios, acordes, melodías, silencios y golpes que Albéniz compuso para convertirlo en un clásico universal estaban ahí, en los dedos de Antón. Y ejecutados con la máxima expresividad y emoción. Una pieza que dura exactamente seis minutos y que se inicia a tempo Allegro tiene muchas notas. Y todas estaban ahí. Este periodista tuvo acceso a esa cadena de mensajes, y al vídeo. Su correlación temporal es exacta, y la ejecución del vídeo, fascinante. Seis minutos. Justo los que dura la composición. Normalmente un pianista clásico profesional necesita un mínimo de dos horas para trasladar a su instrumento, completa y correctamente, la partitura de un tema nuevo. Antón lo escuchó, se sentó frente a su piano de noche y lo toco de oído como ha hecho siempre. De forma natural, libre y dejando que las yemas de sus dedos fluyeran a través de las teclas. Aunque recientemente ha iniciado clases de lectura, aún hoy ofrece sus recitales basándose sólo en su oído, su improvisación y su sentimiento del momento.

Pero al final decidió tocar su flamenco ante las cámaras y como era de esperar el ganador fue escogido de entre propuestas más comerciales, y convenientes, a pesar de la excelente valoración de público y jurado en su actuación final. Esa experiencia, junto a la del día que fue rechazado en el Conservatorio Superior de Baleares durante las pruebas de acceso directo porque «a pesar de su excelente técnica y perfecta ejecución» del jurado, añadía éste que «carece de los conocimientos mínimos de lenguaje musical necesarios para el aprovechamiento de nuestros estudios», forjó su firme decisión de dedicarse exclusivamente al flamenco con su propio estilo y a través de un método autodidacta. Antón, decepcionado y triste en un principio por ese momento, tomó conciencia de que sólo quería dedicarse y centrarse en el flamenco y en el piano. Buscó un profesor particular del Conservatorio especialista en piano clásico, pero al poco éste renunció reconociendo que no podía enseñarle nada. Su técnica era desconocida, superior, y más efectiva que la suya.
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